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viernes, 27 de junio de 2014

EL TRANVÍA DE ITUZAINGÓ

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En Ituzaingó Norte, en el cruce de las calles José María Paz, Olavaria y Defilippi, 
aún están las vías...
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1914 - 1942
Villa Ariza y su Tranvía
 

     El tranvía de Villa Ariza, popularmente recordado como «Tranvía de ltuzaingó», fue por su pintoresquismo uno de los más llamativos del Gran Buenos Aires.
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     Por 1907, Don José M. Ariza, adquirió varias hectáreas cercanas a ltuzaingó para fundar una población. Ariza, que era un industrial tabacalero, ofrecía como premio lotes de terreno de entre 200 y 500 m2 que se canjeaban por 500 marquillas de los cigarrillos “Rico Tipo” (también se podía acceder a ellos por compra directa, sino pobres los no fumadores!...). Como Villa Ariza no prosperaba, y los negocios de Ariza tampoco, debió cerrar la fábrica de cigarrillos y vender los lotes a Pesquié y Cía., asociada al Banco Supeivielle.
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     Cuando en 1923 se electrificó el F.C. Oeste se estableció los días domingos y feriados, en combinación con los trenes, un servicio de coches especiales a Villa Ariza. Posteriormente, se decidió instalar un tranvía que, partiendo desde ltuzaingó llegase al loteo, también combinando con los trenes. Además, como promoción, con cada lote se entregarían 10.000 ladrillos gratis.
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     Autorizada por una concesión de la Municipalidad de Morón, nació la Empresa de Tranvías de ltuzaingó. perteneciente a la misma compañía vendedora de las tierras, y que se encontraba a cargo del señor Antonio Florit, colaborador de Ariza y representante del Supervielle.
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     Como el presupuesto no alcanzó, se usaron materiales de segunda mano para la construcción, empleándose la tracción "a sangre" ( a caballos ), sistema que por esos tiempos decaía en Buenos Aires. Los rieles eran de tipo tranviario.
     Uno de los primeros vecinos de “Villa Ariza”, Don Pedro Cornide y un compadre suyo, entre otros pobladores, se encargaron de tender las vías.
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     La estación del tranvía de ltuzaingó se construyó frente a la del FC Oeste del lado Norte. Constaba de una plataforma con techo que protegía a los viajeros. Al llegar el tranvía, se desataban los caballos y se los pasaba al extremo opuesto para iniciar el viaje de regreso. Por esa época el cuadro de la estación ferroviaria no era el actual ya que la configuración que hoy conocemos recién la adquirió en 1936.
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     El recorrido se iniciaba en la estación, por: Gral. Las Heras hasta Gral. Alvear; Olavarria; cruzaba Gral. José María Paz y continuaba por Montevideo (hoy Defilippi) hasta J. Lavalleja, con una extensión de aproximadamente 2 Km.
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     Al llegar las vías a J. M. Paz (lugar conocido como “Los Portones”) cruzaban ésta última hacia Montevideo, continuando su recorrido por sobre la vereda Oeste hasta su terminal en ésta y Lavalleja. En este lugar existía un galpón de chapa de zinc donde se guardaban los tranvías y los caballos. Allí estaba la oficina de Florit. Las obras de arte eran mínimas siendo simples desagües o  alcantarillas   en  algunas  esquinas.   
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      La  Empresa   decidió   dar   en concesión la línea, que tras un par de años de reclamos vecinales, se le adjudicó a Ramón Gómez y Nicolás J. Defilippi, inaugurándosela el 24 de mayo de 1914. Ante la alegría de los vecinos se iniciaron los servicios. ¡Qué comodidad llegar hasta el tren en tranvía! Y en los días de lluvia, o en el frío invierno, podía esperarse el paso de los coches dentro de su casita propia! ¡Y qué decir del regreso, cuando agotado por la tarea cotidiana, se viajaba cómodo y confortable en lugar de caminar tantas cuadras!
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     Fue su primer conductor y guarda uno de los concesionarios, José María Gómez, quien además se ocupaba de la atención de los caballos, coches, y la limpieza.
     Se cumplían 38 servicios diarios entre ida y vuelta, desde las 5,37 hasta las 20,42 más uno a las 21,40 desde noviembre a marzo cuando el clima era más benigno.
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     El pasaje costaba 10 centavos. Como Defilippi, poseía un homo de ladrillos con entrada por la esquina de Treinta y Tres y Florida, se prolongaron las vías desde la terminal una cuadra y media continuando por la vereda Oeste hasta el horno para poder transportar los ladrillos hasta la estación.
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     En este lugar se tendieron las vías en forma de lazo de retorno o "loop" para que los tranvías pudiesen volver. También hubo unos trescientos metros de desvíos industriales.

     En ltuzaingó se agregó un pequeño tramo, desde un poco antes de la estación del tranvía hasta la playa de cargas del F.C.Oeste, para el intercambio de mercaderías entre ambos. 
     A su vez Defilippi llego a un arreglo con Nicolás Sterla, otro "hornero" de la zona y dueño de algunas quintas de verduras. Los productos de Sterla también fueron transportados en el tranvía. 
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     Sin embargo, debido a la suciedad en que quedaban los coches después del transporte de ladrillos y verduras  -ya que no se procedía rápidamente a su limpieza entre viajes-  y a las demoras que la carga y descarga ocasionaban, las quejas de los vecinos no tardaron en dejarse oír. Así fue que se debió adquirir un par de chatas playas (zorras) que se emplearon en forma exclusiva para el transporte de la carga, favoreciéndose a los vecinos doblemente, ya que con ellas también se efectuaron las mudanzas.  

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     Se desconoce el fabricante y origen de los tranvías, aunque posiblemente fueron adquiridos por cuarenta pesos cada uno de segunda mano a la Cía. de Tranvías Anglo-Argentina. Un historiador local comenta que eran tres los coches, dato que no ha podido ser corroborado. 

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     La carrocería era de roble americano, con dos balcones abiertos en los extremos y puertas corredizas para ingresar al salón, que tenía dos asientos longitudinales con capacidad para 20 pasajeros. Las ventanillas se alzaban con una correa (como los coches de subte de la Línea A). Su bastidor estaba compuesto por dos largueros de metal y el resto construido totalmente en madera. y su coloración era rojo oscuro en toda la carrocería con ventanillas en color claro (quizás marfil), y los techos de madera con su cubierta de fieltro embreado pintado en color aluminio.

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     En 1924 se habilitó un ramal que, desviándose antes de llegar a la terminal de Lavalleja y Defilippi, continuaba aproximadamente unas ocho cuadras por Oribe hasta alcanzar el campo de polo "Los Matreros", que se encontraba ubicado en el predio delimitado por las calles Barcalá, Muñiz, Nahuel Huapí y Oribe, donde hoy se sitúa el Barrio San Bernardo y la Iglesia Ortodoxa. Este ramal llegaba hasta las caballerizas, donde había un galpón y era utilizado para transportar todo cuanto llegara en tren para el Club.
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     En el caso de haber pasajeros para ese lado, el tranvía les cobraba un boleto adicional. Las cargas se transportaban en las zorras. También existían servicios especiales al club. Este ramal no terminaba en Barcala y Lavalleja, sino que continuaba hasta la calle Muñiz, donde "por casualidad" Sterla tenía su quinta y homo.
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     En 1926 se cambia la tracción a sangre por la mecánica, adicionándosele a cada tranvía en las plataformas delanteras un motor a nafta de Ford T, conectado por una transmisión al primer eje. Para poner en funcionamiento el motor era necesario colocarle un “brasero” debajo, o emplear cualquier otro medio para calentarlo y entonces sí, darle con la manija hasta que arrancara. (el motor... o el brazo!).
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     Como los coches tenían un solo sentido de marcha, en la estación ltuzaingó se instaló una mesa giratoria  para invertirlos, y que se encontraba al lado del almacén que existía cruzando la calle Las Heras. (En la foto se observa como giran al vehículo).
     En “Villa Ariza”, se utilizaba un triángulo para invertir el sentido de marcha. El tranvía dejaba a los pasajeros pasando Lavalleja luego retrocedía entrando al galpón y salía apuntando hacia ltuzaingó.

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     Cuando cerró el homo de ladrillos de Defilippi, las vías terminaron en la vereda Oeste de Montevideo pasando Lavalleja, sin llegar hasta Treinta y Tres. El ramal a Los Matreros ya no se utilizaba y el de Sterla fue levantado en 1930.
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     Por 1928 el Banco Supervielle adquirió la línea, mientras los servicios tranviarios eran criticados, por sus horarios poco fiables.
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     En 1933, se pavimentaron las calles, Paysandú, Lavalleja y luego Montevideo, quedando las vías sobre la vereda Oeste, que aún hoy puede observarse que es más ancha que la vereda Este.
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     Dos años más tarde, el Banco le dio un fuerte impulso a la venta de los terrenos. En uno de sus anuncios se comentaba que las calles poseían afirmado y “un tranvía local a motor, con coches para 20 pasajeros, y con combinación a Once en estación ltuzaingó".
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     A los compradores se les ofrecía la posibilidad de viajar durante todo un año gratis en el tranvía a ltuzaingó, o, alternativamente, un año gratis en el colectivo a Castelar.
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     El Banco continuó soportando las pérdidas del tranvía, hasta que siete años más tarde, en 1942, cuando ya casi no quedaban lotes sin vender, suspendió el servicio sin previo aviso y el levantamiento de los rieles no se hizo esperar terminando así la historia del recordado «Tranvía de ltuzaingó».

(*) Fuente documental: Del libro “Tranvía de Ituzaingo”, autoría  J. E. Garreta Mendoza.
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